PREFERENTES Y DAÑOS MORALES

Como pasa el tiempo, ya hace un año que conseguimos la primera sentencia que hay en Asturias, por la que se condena a una entidad financiera a la devolución del importe invertido en obligaciones subordinadas, más los intereses recíprocos, más las costas y se condena al banco al pago de la cantidad de 5.000 € en concepto de daños morales.

CalculadoraDesde aquella no he encontrado otra sentencia similar en nuestra región.

En este post, os voy a explicar el motivo de esta condena por daño moral.

Este fue un caso muy particular, una clienta había vendido un inmueble y ese dinero lo había invertido en un plazo fijo a un año, hasta aquí lo normal; cuándo llegó el vencimiento del plazo fijo la empleada de la sucursal en la que tenía su cuenta abierta le explicó que había un nuevo plazo para clientes ventajosos, con un interés del 3,12%,y que los intereses se los abonaban dos veces al año, además, podía cancelarlo anticipadamente sin coste cuándo quisiera, y todo esto se lo apuntó de forma manuscrita en una hoja con membrete del banco; total que la clienta se lleva esta hoja para casa y lo contrata.

Pasan los años, y la clienta va cobrando los intereses, pero llega un día en el que necesita dinero y acude al banco para pedir la cancelación de lo que ella pensaba era un plazo fijo, y la misma empleada del banco le dice que era mucho mejor que pidiera un crédito, porque tenían uno muy ventajoso con el que iba a ahorra dinero, porque no tenía gastos de notario, ni de estudio, y el tipo de interés era más bajo que el que le daba el banco por el plazo fijo. Y si cancelaba el plazo iba a pagar más por cancelación anticipada.

Total que contrata el crédito. Pero al cabo de otro tiempo vuelve a necesitar dinero para destinarlo a financiar una empresa que tiene y vuelve a pedir la cancelación anticipada del plazo, aquí cancela un 20%.

Hasta aquí seguía en el convencimiento que tener un plazo fijo, pero llegó el momento en el que se comenzaba a escuchar en la televisión y a publicar en la prensa los canjes que se iban a producir en los denominados productos híbridos, así que un día fue a preguntar al banco y le aseguraron que ella podía estar tranquila.

Pero al cabo de unos meses recibió una carta del banco para que pasara por su sucursal porque tenía que decidir entre el canje del producto y recuperar un 20% de lo invertido o ser titular de unas acciones.

No entendía nada, así que fue y le explicó un empleado de la entidad al que nunca había visto antes, qué producto tenía y las opciones que le daban:

-ser titular de unas acciones que no podía vender, o

-recuperar el 20% de lo que tenía invertido.

Eso sí, le recordó que tenía un crédito con el pago que tenía la obligación de pagar.

Al  verse sin su dinero y con una deuda, el empleado del banco le ofreció un nuevo crédito para refinanciar el anterior.

Como no firmó el canje, ni pagaba el crédito, el banco la demandó y solicitó el embargo de su vivienda, claro está que este procedimiento judicial no tenía luces de ser positivo para la clienta porque la deuda existía, así que el asunto conseguimos alargarlo y mientras tanto demandamos para reclamar la recuperación de las preferentes.

Pero, aquí viene el porqué de la condena por daño moral.

Mientras se desarrollaba el procedimiento de reclamación de preferentes iba paralelo el procedimiento de ejecución de la vivienda habitual, la clienta tuvo que ser atendida por la unidad de salud mental, pues llegó a subastarse su vivienda.

Para presionarla la entidad financiera, cuándo se ofrecía en el procedimiento de ejecución que se quedaran las acciones con las  que por el canje se había tenido que quedar de las preferentes, para el pago de la deuda, contestaban que las vendiera, a sabiendas que estas acciones no tenían valor y no se pueden vender en ningún mercado oficial.

Al final conseguimos ejecutar provisionalmente la sentencia de preferentes en primera instancia, y pagaron de inmediato, por lo que pudo pagar la deuda que tenía con ellos mismos y recuperar la vivienda.

Al final tiene razón la sentencia de la Audiencia Provincial, el verdadero deudor en todo esto era la propia entidad bancaria que le debía el doble de dinero a la afectada que ella a la entidad bancaria.

Por eso, cuando en la prensa se lee que los afectados por este tipo de productos tienen secuelas psicológicas y problemas de salud, no entiendo que no se reclame daños morales, porque estos son reales y se pueden demostrar, ya que están recibiendo tratamiento médico y psicológico.

Bueno, tampoco entiendo porque no reclaman sin más cuándo son titulares de estos productos.

Si aún no has reclamado para recuperar tu dinero, pídenos una consulta, cuéntanos tu caso y reclama, ¿por qué tiene que quedarse el banco con lo que es tuyo?, ¿qué miedo tienes a recuperar tu dinero?, ¿sabes que si no lo reclamas, el único que resulta beneficiado es el banco?.

¿A ti te regalaron ese dinero que perdiste?, a que no, pues no lo pierdas que es tuyo.

Eso sí, no quiero ni puedo acabar este post sin hacer una reflexión y unos comentarios de lo que aprendí en este lamentable procedimiento, que aunque tuvo final feliz fue duro:

-dicen, que no se si está escrito, que un abogado no puede implicarse en un asunto judicial de un cliente, pues lo hice, porque si ves este atropello te implicas, y pasas noches sin dormir, y si para que salga bien tengo que volver a hacerlo que cuente conmigo.

– no podré olvidar nunca lo que me dijo el secretario judicial el día que se celebró la subasta de la vivienda, a la que no era necesario que acudiera el abogado pero quise estar con mi clienta; me dijo que para alargar este procedimiento estaba haciendo “ingeniería jurídica”, a lo que le contesté que sí, que la seguiría haciendo hasta que consiguiera que mi clienta no se tuviera que ir de su casa.

Y, algo que reafirmé, y me enseñó mi clienta, y es a “no tirar la toalla”, a pasar por dónde sea necesario, como si es atravesar un muro, porque no puedes cesar en el intento.

Y, por último, también quiero deciros que mi clienta pasó por todo esto sola, sin que se enterara nadie, ni su familia ni sus amigos, y su empresa seguía abierta, como hoy sigue, seguía yendo a trabajar todos los días y no decayó nunca.

Los únicos que estábamos al tanto de esto éramos, evidentemente yo, como abogada, y el  procurador, que también he de decir que se portó de maravilla.

Pues, lo dicho, QUE RECLAMES, QUE NO SE QUEDEN CON LO QUE ES TUYO.

 

MARIA JESUS CONDE JAMBRINA

ABOGADA – ICA OVIEDO Nº 5776

Avda. de Galicia nº 6 – 3º Izda – Oviedo

Tel: 985 20 83 77  – Fax: 985 20 78 59

E-Mail: mariajesus@asvencon.com

Sobre el Autor: María Jesús Conde

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